Realiza esta gratificante oración y confía en un Dios bueno, justo y bondadoso que siempre te acompaña durante todo el día y al terminar la jornada está allí reconfortándote para darte la vitalidad que necesitas, acércate a su reino a sus bendiciones y forma parte del ejercito de personas que llevan con orgullo y amor su nombre porque son testigos de sus grandes milagros.
Gracias mi Dios padre celestial por este día que hoy me has regalado, mi cuerpo cansado y agotado, pero siempre agradeciendo por el inmenso amor que me das, por trasmitirme la fuerza que necesito para seguir llevando esta vida que nos has obsequiado.
Siempre te agradeceré por los favores que he recibido, si en el día dije o hice alguna mala acción perdóname y limpia mi corazón de cosas impuras, concédeme el perdón porque no soy perfecta y te pido misericordia si en algún momento te ofendí.
Aparta de mi vida la miseria de todos mis enemigos envidiosos de todos aquellos que quieran perturbar mi paz, mi salud, mi felicidad, mi suerte y mi buena gracia de Dios, calma mi llanto y concédeme la presencia de la guardia del amadísimo Arcángel Miguel.
Mi amado Dios, pongo en tus manos a mi familia, para que la guíes y protejas de los caminos donde vaya, quita de mi mente toda preocupación porque sé que eres un ser misericordioso y nunca nos abandonaras, nuestros corazones siempre estarán atados a tus manos compasivas.
Siempre recurriré a ti mi padre celestial, para adorarte y glorificarte, porque mi vida sin ti no tendría sentido, eres un sol de luz que propagas por el mundo tus bendiciones, es admirable dormir y despertar con tu presencia, porque tú nos das la paz que necesitamos para dormir refugiado bajo tu protección.
Bendice señor a todas aquellas personas que estamos esperando tu venida para alabarte y glorificarte, bendícenos señor hoy y eternamente porque siempre serán bien recibidos tus bendiciones e el nombre del padre del hijo y del espíritu santo. Amén.
Ora todas las noches con mucha fe y amor con la familia, encomiéndese a nuestro Dios padre y sientan el orgullo de ser sus hijos, porque nuestro Dios padre es un ser supremo que nunca nos abandona. Amén.

